Y bueno, volvemos al vicio de la escritura.
Aclaración: este capítulo lo escribí hace dos meses cuando empecé a viajar por Asia. Aunque lo publiqué hoy, fue escrito en tiempo real. Ahí vamos…
Te subis al avión en un país donde todo es perfecto. El colectivo que te lleva pasa puntual por la parada, el chofer te ayuda a subir las mochilas y a acomodarlas, en el trayecto respeta todas las señales, va a la velocidad máxima permitida, primer mundo.
Una vez arriba del avión, aerolínea Air Asia, algunas cosas te empiezan a sorprender. No te dan manta ni almohada, no pudiste elegir asiento porque te cobraban extra, de hecho hay asientos que elegirlos te hubiera salido más que el pasaje en sí. De comida, ni hablemos. Bebida, tampoco. Pedís agua a la azafata y te la quiere cobrar! Ahí es cuando te indignas y empezas a pensar que lo que estás a punto de vivir dista mucho de ser Nueva Zelanda.
Cuando las puertas del avión se abren al arribar una ola de calor te golpea y te deja moribundo, justo cuando una segunda ola, ahora de humedad, te tira al piso. Es de noche, pensas, como puede la temperatura superar los 30°? De día cuantos grados hace entonces? Pedis una hamburguesa en lo que parece ser un Mc Donald’s local y tenés que tirarla a la basura de lo picante que está. Imposible de comer. No podes pedir otra, el presupuesto que llevas es muy ajustado.
Después de pasar la noche en el aeropuerto inicias tu camino hacia la ciudad. El bondi que te lleva está destartalado. Tu hostel queda en Chinatown, donde todo es mugre. Son apenas las 7 de la mañana y te impregnas de olores que en tu vida sentiste. Miles de puestos de comida comienzan a armarse en las veredas, algunos pocos vendedores (que por la tarde serán cientos) te empiezan a gritar ofreciéndote productos. El calor aumenta.
Estás parado en la dirección de tu hostel y sin embargo no lo encontrás. Hay una puerta roja con una escalera totalmente rota y apagada. Esto no puede ser, crees. Sin embargo, subis 2 pisos y hay un chino detrás de un mostrador que te ofrece un cubículo sin ventanas ni muebles, solo un colchón, por módicos 6usd al día. Aceptás, pero después lamentarás la decisión.
Una vez entrado el día salis a caminar. El calor es agobiante. El transito es de otro planeta. Miles de motos pasan por al lado tuyo como si no existieras. Las bocinas son constantes, los semáforos no existen y al parecer las multas tampoco. La calle es un sinfín de puestos de comida, ropa y tecnología de dudosa procedencia. El griterío te deja sordo en poco tiempo. Sentis que todos te hablan a vos, que todos te buscan, todo el mundo en ese lugar intenta venderte algo. No sos más que eso, un posible comprador.
Baldes llenos de víboras, sapos gigantes y cangrejos están por doquier. Eso no podes comer, no es a lo que estás acostumbrado. Las ratas pasan por todos los rincones. Probas un plato, arroz con pollo, sencillo, pero el pollo consiste en solo huesos que tenes que chupar mientras pensas porque le habran sacado la carne. Serán restos de otro plato ya comido? Ves a tu alrededor y la gente come el arroz con la mano, los imitas.
A esto viniste, esto es lo que estás buscando. Esta es la segunda parte del viaje.
Bienvenido a Kuala Lumpur, Germán. Bienvenido a Asia.
Kuala Lumpur es una ciudad que tranquilamente puede obviarse si se viaja a Asia. Su principal atractivo son las torres Petronas, las segundas más altas del mundo después de la torre Taipei 101, en Taiwan.
Estuvimos 4 días en la capital de Malasia. El primero recorrimos el China town y Little India, dos calles llenas de puestos con comida y productos típicos de esos países que, sumado a que el calor que hacía nos ponía de mal humor mientras las recorríamos, perdían el sentido por sí mismas porque vamos a ir a la verdadera India y China, je! También fuimos a la Plaza Merdeka, que es la plaza gubernamental, y es igual de aburrida que ir a pasear a la Plaza de Mayo.
El segundo día intentaaaamos ir a las torres Petronas. De hecho fuimos, pero hasta la entrada… están cerradas hasta mediados de diciembre por remodelaciones, asi que nos conformamos con recorrer el lujosísimo shopping que hay en sus primeros 7 pisos. Ahí, mientras Mica preguntaba los precios de las carteras en Louis Vuitton, yo, que vestía musculosa, malla y ojotas, apoyaba mi botella de agua vacía (la pensaba recargar en el bebedero del parque che) en el mostrador del carísimo local. Lo importante era que el shopping tenía aire eu, ninguno pensaba comprar nada.
El tercer día fuimos a las cuevas Batu, un templo que se accede subiendo 243 escalones y está custodiado por la estatua mas aaaalta del mundo, de 43 metros. A la estatua le saqué como 10 fotos, al templo en sí 2, y a los monitos que hay jugando por todos lados unas 420. En un momento nos sentamos en la escalera (con 35° y una escalera de 243 escalones nos merecíamos un descanso) y apoyamos el agua en un escalón. Un mono bajo corriendo de su escondite, agarró la botella y nos la robó! Por supuesto que lo perseguí y le quise patear la cabeza pero, a diferencia de lo que yo pensaba, los monos no son como los perros o gatos, se defienden! Cuando el mono me mostró los dientes acepté la pérdida del agua y me dediqué a sacarle fotos jugando con el aguita… mono pelotudo.
El cuarto día mucho no quedaba por hacer asi que nos quedamos en el hostel la mañana fresquitos con aire mirando una peli en el comedor, cocinamos unos fideos porque estábamos cansados de caminar muuuchas calles buscando algo rico y terminar una y otra vez en Mc, y esperamos a que se haga el horario para partir al aeropuerto.
Compramos unos imancitos, que pensamos comprar en cada lugar que vayamos, y unos parches para ir cosiendo a la mochila. Recuerdo de guerra, diría un soldado.
Fueron 4 días que sirvieron para comenzar a adaptarnos. La comida picante será un plato que comeremos con gusto? Esquivar el transito será una de nuestras actividades favoritas? Ya lo sabremos en unas semanas.
Nuestro segundo destino fue Indonesia.
Indonesia es el archipiélago más grande del mundo, compuesto por 17.000 islas y más de 200 millones de habitantes. Teníamos solo 2 semanas en este país asi que podíamos recorrer cuantas más islas fuera posible, estando uno o 2 días en cada una de ellas, o podíamos centrarnos en una o dos islas, que fue lo que decidimos.
Una semana la pasamos en Bali, conocida por todos por la peli “Comer, rezar y amar”. Particularmente yo la encontré buena para cualquiera de estas 3 cosas. Al ser demasiaaaaaado turística (se nota que tuvo un crecimiento espectacular en pocos años y no lo saben llevar), en cuanto a la comida tenés para todas las opciones, desde los típicos lugares locales extramadamente baratos donde comes un chicken sate (brochet de pollo bañado en una salsa de mani, y arroz), fried noodles (fideos con verduras y una salsa agridulce) o cosas del estilo, más postre, por 2 usd; hasta los lugares super top donde comes uno de los platos con mucha preparación y poca comida, por 50 usd; está claro donde comíamos nosotros… En cuanto al rezo, rezas todos los días para no morir aplastado por una moto, auto o tuk tuk, porque el tránsito es igual de malo, o peor incluso, que en Kuala Lumpur. Y en cuanto al amar, no se si amaaaaar propiamente dicho, pero uno de los boliches ofrece cena libre y alcohol libre gratis para turistas, asi que es demasiado común ver salir a un rubio alemán de ojos verdes de 2 metros de altura, con una negrita regordeta de indonesia de 1.50 mts.
En cuanto a las playas de Bali, son iguales a las de Gesell (no por criticar a Gesell, pero esperaba mas). La arena es oscurita, y el agua dista de ser transparente. Las olas son INMENSAS, las mas grandes que vi. Tan grandes que no podés estar en el agua más de 10 minutos porque salis tonto. Ahí hice surf, me pelee para que la clase durara 2 hs en vez de 1, y terminé saliendo a los 40 minutos, muerto jajaja.
Como en todo Asia, les encanta el regateo. Algo que empieza en 15 usd tranquilamente podés terminar comprándolo en 1, como me pasó con el adaptador del enchufe. Es muy seguro en general, el único problema lo tuvimos cuando quisimos cambiar USD por rupias indonesias.
La primera vez que cambiamos el cambio era 110 usd por 1.030.000 rupias. Le dimos los USD, nos dio las rupias, las contamos, todo perfecto. Por último, cuanto tenía que darnos las 30.000 rupias finales el señor nos dijo que no tenía cambio, que le demos 100.000 y el nos daba 50.000, regalándonos las 20.000 de diferencia… eso hicimos y contentos nos fuimos para casa. Porfiado, apenas llegué conté nuevamente la plata y me di cuenta que teníamos 800.000 rupias… nos habían robado. 230.000 faltaban!!
Después de leer en la Lonely Planet, la biblia del mochilero, vimos que es muy común que cuando cambies dinero en la calle te estafen, que es recomendado cambiar en casas de cambio oficiales… pero como la diferencia que pagaba una y otra era muy grande, cuando tuvimos que cambiar nuevamente volvimos a las calles, ahora atentos a cualquier cosa que pasara.
Encontramos uno que nos pareció ofrecía un tipo de cambio razonable y comenzamos a contar las rupias. En este caso eran 500usd, 4.530.000 rupias. Nos daban las rupias en tandas de a 1.000.000, que primero contaba yo y después se las pasaba a Mica, que luego de contarlas nuevamente no las apoyaba en la mesa sino que las tenía en la mano. Muy amable, el señor empezó a darnos charla. De donde veníamos, hace cuanto habíamos llegado, en que hotel nos quedábamos. Cuando vio que no contestábamos las preguntas mas que con monosílabos y que Mica no soltaba la plata, luego de darnos 2.000.000 nos dijo que no tenía más rupias, que cambiaramos en otro lado. Sospechoso, no?
En el segundo lugar que intentamos cambiar, nos pasó exactamente lo mismo. Se dieron cuenta que era imposible robarnos y nos dijeron que cambiemos en otro lado.
Intentamos un último intento. En este caso era en una callejuela donde nos atendieron dos chicos de mi edad. Contaron los USD y uno de los dos se fue a buscar las rupias. Cuando volvió empezamos a contarlas y nos pidieron que apoyaramos las rupias en la mesa después de contarlas. Lo hicimos y las separaron en paquetes de 500.000 mil. Mica las miraba fijamente todo el tiempo. Cuando íbamos 3.000.000 contadas no había más espacio y les propuse que las separaramos en paquetes de 1 millón mejor. Eso hicimos. Cuando contamos 4.500.000 nos dijeron lo mismo que nos había dicho el hombre en el primer cambio, que no tenían cambio para darnos 30.000, que les diéramos 100.000 y que ellos nos daban 50.000 regalándonos la diferencia.
Sabiendo que ahí estaba el truco les dije que les regalaba yo los 30.000, que me llevaba sólo 4.500.000. En ese momento uno agarró toda la plata y me dijo que me la contaba de nuevo por las dudas. Ahí empecé a ponerme nervioso, cosa que no es difícil de lograr. Le dije cuente la plata, pero que después la contaba yo toda de nuevo. Me dijo que no tenía sentido, que el lo hacía por mi… y luego de discutir un rato le di a entender que podía contar todo lo que quisiera pero que era mi plata asi que el último que la contaba y que la tocaba era yo. En ese momento me dijo que había una comisión del 10%, inexistente hasta entonces. El problema es que en la pared de atrás había un cartel enorme que decía “No comission”. Ahí me puse muy nervioso, y luego de discutir medio a los gritos, me aceptó que no cobraba comisión pero si un 10% de impuestos! Ridículo… me di cuenta que si no te pueden cagar no te cambian, les dije que me den mis USD de vuelta y terminamos cambiando en una casa de cambio oficial, a un t/c más bajo.
Moraleja: si vas a Bali, cambia los USD en el banco.
Las otras islas que fuimos se llamaban las Gili Islands. Esto SI es el paraíso. Para la chuleada, es donde estuvo de luna de miel Nicolas Reppeto (dato que aportó alguna mamá cuando le contamos donde estábamos).
Aca la arena es cristalina, el mar es transparente y vivis haciendo snorquel. Tiene unas tortugas marinas gigantes, como de 80 cm de largo, que pasan por al lado tuyo y si te agarras de la parte de atrás te llevan! (Claramente en la peli de Nemo se basaron en esto). En todas estás islitas la única opción para alojarte son bungalitos, muy baratos y bastante lindos. Como en toda Asia, el agua no es potable, te bañas con agua fría, pero lo más raro es que en las Gili el agua de las duchas no solo es fría sino que es salada! Asi que te pasas todo el día en el mar, querés llegar a tu cuarto para sacarte la sal, y terminás de bañarte y seguís igual! Mis bóxer ya ni color tienen… pero bueno.
Ahi pasamos una semana espectacular junto a Caro, Jose, Mariano y Ezequiel, 4 argentinos. Van las fotos:
Bueno, eso es todo por ahora. El próximo destino es India, el destino más duro del viaje.
Si sobrevivo, escribo!
Saludosssssssss








